Nuevo cómic… ¡y sólo me tomó 4 semanas!

No es totalmente absurda la idea de usar una versión antropomórfica del animal cocinado como imagen de un restaurante: cuando un local tiene la caricatura gigante de un pollo en su fachada hay poco margen para la confusión en cuanto a lo que ofrecen en el establecimiento. Tampoco es lo más natural del mundo, sin embargo, y creo que en más de una ocasión se ha olvidado que estas adorables mascotas supuestamente nos están invitando a disfrutar de su carne cocinada. Recordemos aquél clásico comercial de SNL escrito por Robert Smigel, que no se aleja mucho de más de un comercial verdadero al mismo tiempo que ridiculiza lo absurdo del concepto.

Cambiando de tema: Goya.

Soy gran aficionado a las últimas obras de Goya, particularmente las Pinturas Negras, donde existe el mismo terror infantil que puede encontrase en Los Caprichos y que está ausente en Los Horrores de la Guerra (donde lo grotesco y la caricatura son mínimos). “Saturno devorando a su hijo” me ha arrebatado desde siempre, pero sólo ha sido en fechas recientes que he notado las sutilezas de lo que me parecía una obra brutal y salvaje. En esos ojos de Saturno, que antes simplemente me comunicaban ciega demencia, he descubierto una conciencia de sus actos, en el que angustiado se da cuenta de lo que está haciendo, lo que alimenta aún más su locura. Al humildemente hacerle referencia, creo que este horror propio en los ojos del taco que come a su pequeño supera al brillo salvaje que originalmente percibí en la obra de Goya. Es una pintura soberbia.

¡Gracias por visitar Puerto Jerez! Espero no pase tanto tiempo antes del próximo comic.

–Pedro Arizpe