Uff, podría escribir páginas y páginas sobre cada panel. En mi casa teníamos una computadora Commodore 64, aunque ya para este entonces (finales de los 80) todos los demás tenían un Nintendo. Mi papá también estaba en un club de gamesharing, así que teníamos cientos de juegos. No sabía qué estaba pasando en la mayoría de ellos, pero ah cómo me divertía explorando y probando cada uno.

El New Game Journalism vino y se fue, criticado porque para muchos era el equivalente de las recetas que ponen toda una historia familiar antes de la lista de ingredientes. Pero a mi me gustaba porque tratabam a los videojuegos como una experiencia profundamente ligada a quién es el jugador como persona; esos artículos creaban una narrativa única filtrando la experiencia de juego a través del autor. En la mayoría de estos paneles puedo ver que estos recuerdos no son tanto sobre los juegos en sí, sino sobre las cosas específicas que estimulaban mis sentidos, sobre mi familia en la habitación mientras jugaba. Si bien jugué muchos juegos entretenidos, estas anécdotas son las que recuerdo de forma más vívida. Bailar “Enola Gay”. Aprender inglés con mi papa. Arruinar música clásica. Mis abuelos curiosos o irritados por este nuevo juguete que no podían comprender del todo.

Buenos recuerdos…